martes, 29 de noviembre de 2011

El espacio doméstico: sus paraísos

   El espacio doméstico es un pequeño mundo, donde se llevan a cabo múltiples acciones cotidianas; un mundo separado del ámbito público, abierto, cambiante e ilimitado, un espacio de interrelación personal , familiar  y natural.
  Es en este refugio, de escasos metros cuadrados, donde buscamos el descanso, el ocio, la soledad y la propia felicidad. Tal es así, que la precariedad, no obstaculiza, en la mayoría de los casos, los deseos de subjetivar ese espacio, de regenerarlo y transformarlo, en pequeños paraísos naturales.
Prescindiendo de toda estética interiorista o decorativa estandarizada, la escasez impone establecer una relación próxima y familiar con lo natural, en la que el individuo descubre lo que él ha puesto de sí mismo, para su disfrute y bienestar.
  El sujeto reconoce su espacio individual, a veces colectivo,  y se instala en su seno, en su interior “para habitarlo y poblarlo de signos”(J.L.Pardo) que lo hacen suyo.  Puertas adentro o puertas a fuera, brotan mini ecosistemas protegidos, donde se pasa del dominio de la naturaleza a la convivencia. A la relación de mutua amistad y protección.
  Si pensamos que nosotros también somos naturaleza, lo podemos entender como un proceso de identificación del hombre con ella. Como dice el filósofo Mariano Peñalver, esa identificación implica su doble movimiento: de una parte la humanización de la naturaleza, de otra, hacia la que quizás vamos, la naturalización de lo humano.
  Podríamos decir que nuestros paraísos, son una recreación del mundo;  paradógicamente  nos aislan de él, y hasta nos engulle; tal vez por esa imperiosa necesidad de encontrarnos , de sentirnos protegidos,de ser visibles en ese pequeño gran mundo, alejados de los que llamaríamos los “no lugares”. (concentraciones urbanas, medios de transporte, aeropuertos, estaciones ferroviarias, cadenas hoteleras, supermercados, grandes centros comerciales, …)   

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